Las velas derretidas de la caverna de mi amor muerto,
las venas estúpidas y secas de mi amor congelado y tieso.
Los vivos se ríen
los vivos se agitan.
No importa lo que hagan,
importa todo lo que hagan porque están vivos.
A los muertos les recordamos que están muertos
mientras conducen por las autopistas de carbón
lanzándose a las esquinas de la ciudad
abarrotada de perdedores.
Con todas las orquídeas prostituyéndose.
La ciudad prieta de corbatas y alfileres.
Las flores se mueren de invierno
y nacen otras con caras idénticas en primavera,
mientras los muertos conducen o se cagan encima
o bailan dandose golpes, o saltando
mientras los publicistas sacan fotos,
toman apuntes.
Nunca más le hables del amor a nadie.
Somos muchachos robot de brazos metálicos,
esclavos con espíritus de arcilla.
Somos putas de coños floridos.
La guerra se parece a una tarta de albaricoque en una calle envenenada de traiciones
apuñalada en el centro por la Navidad.
¡Cuantas veces te dije que te amaba MI GUERRA!
Hasta volver vivo a tus brazos
golpearé las calles pálidas
en busca de tu vestido negro:
manchado de vodka
manchado de rimel.
Violaré las calles púrpura
removiendo las entrañas
de esta pena.
Sin colores.
Sin harapos.
Lleno de triunfo.
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