A VECES NACEN LABERINTOS



El cielo se despedaza por la mañana, lloviendo a balazos ácidos que perforan los olmos,que perforan las dalias, que entristecen al ciprés.
El mundo que conoces se empapa, murmurando como un viejo gruñón.
Los cuervos se largan de su propiedad y los gorriones sebosos pían de angustia: ¿que será de nuestras migas ahora?.
Entonces coges tu mochila,tu mochila pequeña de colores ridículos ,después de la leche,
después de la pasta de dientes y después de un beso que sabe a tabaco en silencio bajo el canto de la campana de la cocina y te lanzas al mundo diminuto que has visto.
Y no hay parapetos,ni hay soportales suficientes para hacer que no te salpiquen las ganas de llorar que tiene el cielo.
Sabes ,yo también te echo de menos.
Es una ciudad cruel esta,llena de asilos,llena de cárceles,llena de ruinas. Y en todas ellas hay ventanas donde las gotas hacen charcos y pudren las paredes,que se llenan de manchas negras como si la lluvia fuese cáncer.
Y desde todas ellas te echo de menos,desde todas ellas te escribo cuando crees que no lo hago, por todas ellas me colaré algún día,no importa si es de dentro hacia fuera o es al contrario.
En alguna habitación o espacio abierto con el cielo a punto de quebrarse ,con el cielo entero derramándose en nuestro pecho ,recordaremos de repente que significa Amor o que significa Manzana, o qué demonios significa Despedida. Y las palabras contarán un poco más y también bastante menos porque nada estaba decidido. Solo que hoy por la mañana llovería y yo estaría despierto para verlo y pensar durante cinco minutos en tí.


1 comentario:

  1. Al final los lugares se convierten en las personas que se fueron.
    Muy visual, muy intenso. Eso sí, no le pega NADA esa foto de la rana Gustavo jaja

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